Historias que se cuentan… Sueños que se ven, caritas que se iluminan, silencios que se escuchan.
Lucas
9 años
- Voy a cuarto grado, me gusta matemáticas, geometría y lengua.
- ¿Qué te gustaría hacer cuando seas grande?
- No se todavía… Algo…
- ¿Y además de ir a la escuela que hacés?
- Juego al fútbol y vendo la revista el ángel de la lata.
- ¿Jugás bien?
- Mas o menos. Juego de delantero.
- ¿Para qué club?
- El Inter, jugamos los sábados y a veces los domingos.
María Esther
12 años
- Voy a cuarto grado, como yo vivía en Chaco con mi mamá no iba a la escuela, después vine a vivir con mi abuela, y ella me empezó a mandar a la escuela. A mí me encanta la escuela, es lo más importante para mí. Me gusta matemática y ciencias sociales.
- ¿Qué te gustaría estudiar o hacer cuándo seas más grande?
- Me gustaría trabajar en la bolsa de comercio, y si soy rica ayudar a los pobres como algunos ricos me ayudan a mí.
- ¿Y en la bolsa de comercio qué te gustaría hacer?
- Vender soja, maíz…
- ¿Y sabés que hacen en la bolsa de comercio?
- Se llama por teléfono, se dicen los precios, llaman cuanto vale la soja, cuanto vale el maíz, se vende, se compra y se gana mucha plata…
…Éstos son dos de los testimonios de los chicos de la calle que nos cruzamos todos los días por la peatonal de Rosario vendiendo revistas, pañuelos o cualquier cosa que puedan transformar, con alquimia de solidaridad, en útiles para el colegio, comida y ropa. Les comento que los extraje de la revista “El angel de lata”, la cual adquirí luego de una enriquecedora charla con uno de los entrevistados anteriormente (Lucas), mientras comía una hamburguesa sentado en uno de los bares situados en la peatonal de la ciudad anteriormente nombrada. Al acercarse a mí, lo primero que pensé fue que era otro de los cuantos chicos, y no tan chicos, que se te acercan en cuanto tienen chance para pedirte algo, un mísero “algo” de tu omnípotente “todo”. Y si, de hecho, lo era. Pero, con respeto y mucha humildad, valores que los pudientes ignoraron, ignoran y espero no ignorarán; ofreció venderme, luego de contarme qué hacía con su vida a pesar de sus escasas coyunturas, una revista que algún ser solidario y desinteresado les vendía por $1,50 para que ellos puedan revender por $2,50 y quedarse con la diferencia. Conmovido por la situación, acepté.
A veces ignoramos lo soberbios, pedantes y poco solidarios que somos. Forzamos a la inconciencia, vemos por obvio lo que no lo es, y creemos, con todas nuestras convicciones, de que así como nosotros tuvimos la oportunidad de formarnos en una familia que nos brindó cariño, ir a una escuela que sólo tenía la función de educarnos, crecer con amigos y compartir con ellos juegos, deportes, y cualquier cosa simple que en esos tiempos parecía inmensa, también los demás niños fueron agraciados con esa bendición. Falacia suprema. Pues nos creemos superiores, vemos en aquellos seres denigrantes la miseria humana, lo más abyecto de la sociedad, inmundicia crecida entre ignorancia, enfermedades venéreas e idiotez. ¡Qué pobres somos! Extenuamos nuestras fuerzas en invectivas repletas de calificativos como “negro”, “pobre” y “sucio” en lugar de ayudar a los seres con infortunio. ¡Cuánta vacuidad! Por suerte, un módico grupo de gente es diferente y se atreve a colaborar, y por esas cosas de la vida, un hecho fortuito que me ocurrió al mediodía me hizo reflexionar y ahora escribir acá.
Como buen melómano que soy, les dejó aquí, para finalizar, un retazo de la canción “El angel de la bicicleta” que León Gieco hizo en honor a Pocho Lepratti:
“Cambiamos buenas por malas, y al angel de la bicicleta lo hicimos de lata; felicidad por llanto, ni la vida ni la muerte se rinden con cunas y cruces; voy a cubrir tu lucha más que con flores, voy a cuidar tu bondad más que con plegarias; bajen las armas que aquí sólo hay pibes comiendo!”
Hola Fran!!! Leyendo estas historias me acorde del primer capitulo de tvr, fueron a la favela y le preguntaron a dos chicos que querian hacer ellos de su vida, y ellos contestaron: estudiar, no queremos estar aspirando todo el dia… Yo cometi el pecado de sorprenderme, porque ralmente no deberia sorprenderme que un chico tenga ganas de tener una vida sana, de estudiar, de tener el sueño de jugar al futbol… pero a veces es como algo comun asociar a la favela con traficantes de drogas, asesinos, ladrones; sin pensar que ahi viven familias, gente que nada tiene que ver con muchas de las cosas horribles que pasan ahi adentro. A la vez senti admiracion por estos chicos y esperanza porque no todos van a terminar como el nene que protagoniza “Cuidad de Dios”. En ese mismo programa mostraban turistas que realizaban un recorrido o tour por la favela… es un lugar como cualquier otro, ni un circo, ni un zoologico…
Tambien en un articulo de la viva salieron chicos de la villa que se mataron estudiando y consiguiron becas y estan estudiando en la facultad. Eso si es un ejemplo de esfuerzo, de preseverancia y lucha.
Estoy de acuerdo con vos debemos dejar de usar esos adjetivos calificativos despectivos hacia ellos y comenzar a hacer mas y hablar menos.
Como siempre felicitaciones por escribir tan bien y sobre temas que realmente vale la pena leer…