Archive for the 'Filosofía' Category

Los valores que se degradan.

Antes que nada: Rosh Hashanah a todos los amigos, compañeros y personas por conocer de la comunidad judía (religión más que interesante, de esas que da gusto investigar).

Hace rato que no me ponía a filosofar, pero pareciese que, sueño mediante, la idea se me impone a estas horas de la noche.

“Los valores”, palabra usada y abusada, son esas cosas intangibles que nos hacen ser, que nos distinguen del resto de los entes vivos, pero que, mal interpretados justifican centenares de conductas aberrantes y personas asquerosamente engreídas. El común denominador de cualquier decisión de vida que merezca reconocimiento o, al menos, respeto, es la bondad, aplicable en numerosas formas. Todo acción que se impregne de ello, puedo afirmar, será digna.

Sin embargo, es práctica habitual en nuestra contemporaneidad el que nuestros congéneres se jacten de aparentes “valores”, encarando el decir a toda velocidad en el supuesto recto camino, mientras el hacer viene en contramano y se constituye en un insostenible peligro de colisión.

También se discrimina arbitrariamente: se descalifica a personas probas con generalizaciones idiotas, se desvaloriza el altruismo, se estupidiza con patrones absolutamente impuestos como la moda, la belleza.

Somos la suma de

decisiones

que tomamos

En efecto, todas los días podemos optar por quedarnos durmiendo o ir a estudiar/trabajar; por mirar televisión o leer; por comer mucho o poco; por quedarnos encerrados o salir a disfrutar del afuera; por pelear a nuestros padres o por decirles te quiero; por alegrarle el día a alguien o hacérselo el peor día de su vida; por luchar por lo que queremos o quedarnos callados; por ser “parte de” o no; por deprimirnos o por remarla; etcétera, etc. etc. Y al final, nos miraremos al espejo y no seremos más que eso: la suma de decisiones que tomamos. ¿Y que sucede si nos miramos y no nos gusta? Ahí es donde nos damos cuenta de que nunca es tarde para iniciar algo. Hasta la última gota de vida que nos quede, tenemos esa maravillosa chance, la de optar por lo queramos.

A ver si nos damos cuenta de una vez por todas de eso y empezamos por lo más básico de todo: cambiarnos para luego cambiar a los demás. No sirve de nada quejarse de la policía y los ladrones, de los políticos, de los alumnos y los profesores, si seguimos comportándonos desinteresadamente y actuando como no querríamos que los demás actúen con nosotros (novios y esposos infieles esperando fidelidad de su contraparte, personas corruptas esperando entereza en la gestión pública, amigos traicioneros que pretenden cobijo durante los malos ratos de los mismos amigos a los que traicionó, mentirosos esperando que les digan la verdad).

No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a tí

Para finalizar, no hay que olvidarse de algo que es importantísimo: el tiempo. Nunca hay que dejar para mañana lo que puedes hacer hoy, porque mañana será mañana, y quizá hubieras podido hacer algo distinto de lo cual te sentirías orgulloso, pero eso se hubiera postergado para pasado mañana, e igualmente con otra cosa, y así sucesivamente. Todos los días pueden valer oro, pero postergándolos sólo logramos devaluarlos.

Un poco más de bla, bla, bla.

Después de leer una historia ficticia -supongo- de Dalmiro Sáenz titulada “Treinta Treinta” me puse a reflexionar sobre un tema que venía postergando hace tiempo… Lo que hago.

Estudio para ser abogado, durante toda las semanas a lo largo del año (exceptuando dos meses), para llegar a los fines de semana y poder ver a mis amigos y tomar algo con ellos, hablar de las cosas de las que hablamos siempre, y salir a la noche a seguir tomando y hablando como siempre. Con suerte, para el domingo, ya estaré recargado de ganas -generalmente no sucede ésto- para volver a repetir esa árdua tarea que me va a dar -dicen todos- rédito en el futuro: estudiar. Y así se me pasa la vida, y me entristezco cada vez que me doy cuenta. Como dijo Dalmiro, hay dias en que me miro al espejo y me da risa el esfuerzo que hago por postergar verdaderas risas y tener esa cara seria que “mi edad” y “mis deberes” propios del modo en que vivimos me imponen. Espero que algún día aparesca la cuota de sorpresa, lo espontáneo, lo romántico, lo musical. Mientras tanto, yo seguiré haciendo lo que hago (aunque quiera no hacerlo, aunque me gustaría con un simple ademán descargar todo ese peso que te tira el mundo).

Lesa humanidad argentina.

Por favor! Basta de ser hipócritas y testarudos. Nos jactamos de ser “derechos y humanos”, y, pomposos de esa paremia, salimos en defensa de la vida de los niños en riesgo de ser abortados a la vez que le negamos la existencia digna a los que ya están vivos y no fueron dichados con el cáliz de la tez blanca y el dinero. Nos indignamos con Botnia, con razón claro está, pero pareciera que tirar botellas de plástico junto con elementos de otra composición material, producir plomo en la industria siderúrgica, usar fertilizantes altamente cancerígenos, y un sinfín de actos que se realizan cotidianamente, quedaran excluídos del vocablo “contaminación” independientemente de que nuestras generaciones futuras nos vean como genocidas. ¿¡Somos civilizados!? Nos llenamos la boca con ficciones jurídicas como la igualdad, la libertad, la vida, la seguridad… Pero la guerra aún es aceptada como vía legítima de solucionar conflictos.
El blitzkrieg de pensamientos siempre estuvo de moda, pero basta, por favor, basta.

Vómito racional.

Tan equivocado estaba Hobbes en desdeñar a ese “estado de naturaleza” en el cual todos éramos hombres, hombres-lobos, que en el afán de quedarnos saciados cercenábamos el ámbito de libertad del otro, la contraparte, el otro hombre-lobo; incluso hasta el punto de esfumarlo, consumir su vitalidad. Nada era justo o injusto, moral o inmoral, civilizado o bárbaro; la humanidad en su más perfecta exhibición careciendo del agregado “sapiens”, sin manzana del árbol de la ciencia del bien y el mal, sin pecado original, sin religiones ni ideologías. La libertad bestial del hombre, esa misma, es la que tantas veces añoramos.

El opulento panegírico de los “new wave” a las fruslerías.

Exaltando el orientalismo occidental de estos tiempos, se trata de ser feliz a causa del letargo de la conciencia expresado en admirar las osadías de los Gran Hermano, las innovaciones de Tinelli: “Bailando”, “Cantando”, “Patinando”, “Garchando” por un sueño (el de obtener ganancia capitalista vía un buen rating), etcétera. La parodia del espiritismo, la sublimación de la ignorancia e improductividad. En eso estamos sumergidos, en el gran eufemismo de lo “civilizado” (si Heráclito no se pudo bañar dos veces en el mismo río, le propongo hacer un trueque y que él se bañe en el mío).

“Memento mori”.


Información personalísima.

Me han llamado y me llamo Francisco Bracalenti. Soy un melómano incurable que, por las cosas de la vida, se terminó dedicando al estudio del Derecho, a no conformarse con lo ordinario y a remar esa estupidez del mundo que, de ninguna forma, podrá arrebatarle su sensualidad. Para aquellos a los que les interesan las categorías del tiempo y el espacio, puedo conformarlos con decirles que al momento de escribir esto (18 de mayo del año 2007) tengo 19 años y que vivo en la periferia: Villa Constitución, provincia de Santa Fe; de la periferia: Argentina.

Blog Stats

  • 62,967 hits